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Crónica de un artelan anunciado

Suena el despertador. Unos tímidos rayos de sol se cuelan entre las cortinas. Por fin ha llegado el día; ¡nos vamos de Artelan , (trabajo vecinal) a la vieja Fábrica de armas de Orbaitzeta!.  Las demás compañeras y compañeros, seguro que  están de camino. Un goteo de personas se va juntando por los alrededores de la vieja fábrica.  No somos much@s, pero veo sonrisas y muchas ganas de trabajar. De pronto, desde el otro lado del camino aparece Rafael, propietario de Casa rural Alzat de Orbaitzeta, azada en mano y  con los borceguis llenos de barro. Ha sido el más madrugador, ya que se ha confundido y ha aparecido una hora antes. Para entonces, ya ha modificado el sendero de acceso, a la típica foto de los arcos del canal de la fábrica, colocando peldaños, eliminando la parte peligrosa del  descenso, y protegiendo el sendero, de la regata que lo embarraba continuamente. Vamos, ¡un artista!

 

Junto a la entrada de la vieja fábrica, vamos haciendo grupo. De entre las matas de las ruinas, aparecen Ludi, de las casas rurales Txikirrin en Hiriberri y Aribe, con Ana de de Casa rural Aguerre en Hiriberri, que informan que hay trabajo para más de un día. De la parte del Palacio, baja Elena de Ertegi Etxea en Aria con su perro Xaki. –Egunon! (Buenos días), saluda al grupo.  Poco a poco vamos organizándonos, mientras va llegando el resto del grupo. Aparecen Malli, del Albergue de Mendilatz en Orbaitzeta  y tras él, llega Ángel Mari, del  Hotel y excursiones Auñak en Garralda. De Casa rural Enekoizar en Abaurregaina, hemos acudido Edurne y Mikel, también acompañados de nuestro perro Elur. ¡Ya estamos un buen grupo, seguro que le damos a esto un buen meneo!, pero aún falta lo mejor, el hamaiketako (almuerzo); Koldo de Itari Natura, Turismo de naturaleza, ha sido quien se ha encargado de traerlo y justo cuando hablamos de esto, aparece con su furgoneta. Hay que decir, que en este primer Artelan, la Junta del Valle de Aezkoa, se ha encargado de la gasolina y del hamaiketako), lo cual agradecemos y valoramos positivamente.

Tras saludarnos tod@s y charlar un poco, comienza a escucharse el sonido de las desbrozadoras, haciéndose camino entre la maleza. Otras personas, rastrillo en mano, van amontonando la hierba cortada a lo largo de la calle principal de la Fábrica. Malli, que ha escrito un libro sobre la fábrica, nos explica entusiasmado, las diferentes zonas y sus usos.

Tras unas horas de trabajo, el olor que trasporta las brasas a txistorra y maxelki, nos indica que hay que parar, reponer fuerzas y valorar y como estamos agusto y hemos creado buen ambiente, decidimos volver la semana que viene a seguir mejorando el entorno. Nos fijamos que desde la muralla se desliza una bolsa con bebidas frías y algo de picoteo; es un vecino de la fábrica, que nos agradece con su cortesía, nuestra labor.

A última hora, hemos tenido el apoyo de Asier, hijo de Ludi y a Juan Luis, de Aribe, que se han encargado de llevarse los dos remolques de hierba que hemos cortado y más vale, porque si no, haber que hacíamos con todo eso. Mile esker bikote!.

 Para mí, ha sido una experiencia muy enriquecedora. Además de compartir un día con diferentes personas del Valle, con las que he podido trabajar codo con codo y con un objetivo común, me he sentido afortunado, mientras recreaba en mi mente todo lo que esas enormes piedras, me querían contar. El sonido de la ferrería, el del agua que es transportada por canales de haya hueca para dar fuerza a los fuelles, el barullo de una fábrica en producción y el calor de sus inmensos hornos, únicos en el mundo. Todo esto, en un marco incomparable, como es la Fábrica de Armas de Orbaitzeta.